¿Feliz día de qué madre?

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Cuando más feliz me siento como madre es cuando los niños por fin se van a la cama y duermen tranquilamente en sus camitas. No sólo porque al fin me dejan en paz y puedo concentrarme en mis cosas, sino porque el sueño, su sueño, es para mí la máxima garantía de seguridad. Nada malo puede ocurrirles mientras duermen. No hay riesgo de que se arranquen un ojo con sus juegos, ni de que se sientan heridos o ignorados, ni de que se aburran, ni de que disparen su batería de preguntas imposibles y se queden sin respuestas: ¿por qué hay pobres, mamá?, ¿por qué papá no puede vivir con nosotros?, ¿por qué hay gente mala que hace daño a los niños? Dormidos están a salvo. A salvo de todo, de los peligros, de la realidad, de los interrogantes, de los misterios. Y duermen tan profundamente que contemplarles mientras lo hacen me produce una profunda sensación de alivio que se parece mucho a la felicidad. A veces les doy miles de besos y les hablo mientras duermen. Me divierte comprobar que no se despiertan por mucho que les mueva, les estruje entre mis brazos y les susurre al oído las cosas más bonitas del mundo.

Cuando más felices se sienten otra madres, en otros partes del mundo, es cuando sus hijos no se mueren. Ellas no sienten alivio cuando los niños se duermen, porque a veces no saben si duermen o han muerto al fin, después de días, semanas o incluso meses de hambre y agonía.

Madres que no pueden mirar a sus hijos a los ojos porque sus miradas están perdidas en el infinito de la debilidad extrema. Madres que no pueden besar a sus hijos porque sus labios están rotos para siempre y los cuerpos que sostienen en sus brazos queman como quema la falta de esperanza. Madres que no quieren que los niños se duerman por si ya nunca se despiertan.

Hay madres que quisieran poder morir antes de que lo hagan sus hijos. Madres que quisieran no ser madres.

A esas madres impotentes e insomnes les regalo este absurdo día de la madre. Ojalá pudieran cambiarlo en el Corte Inglés por un poco más de fuerza o por unas horas de sueño.

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PS/ Foto de Alberto Rojas, periodista comprometido y enormemente generoso. Síganle en @rojas1977

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