El hombre que no podía soñar

349501.jpg

"Érase una vez un hombre tan cobarde que no se atrevía a soñar.  Incapaz de imaginar mundos mejores, pasaba sus días maldiciendo de todo y vigilando a sus cuatro ovejas. Las contaba una y otra vez, convencido de que al mínimo descuido podrían escapar o ser robadas. El hombre que no se atrevía a soñar no se fiaba ni de sus recuerdos. Los mantenía encerrados bajo llave en un caja fuerte, no fueran a atacarle por la noche con engañosas imágenes o deseos de felicidad. Por la misma razón, obligaba a su mujer a dormir con los ojos abiertos.

Un día, mientras vigilaba a las ovejas, se le apareció un genio maravilloso y le concedió un deseo. Puedes pedir lo que quieras, le dijo. El hombre que no se atrevía a soñar sintió la tentación de utilizar ese poder para convertir el mundo en un lugar más justo y amable. Pero como era muy cobarde, le dio miedo y mató al genio maravilloso.

Cuando volvió a casa, su mujer se había ido para siempre. Indignado con tanta maldad ajena, aquella noche arrojó la caja de los recuerdos a un pantano y se fue a dormir mascullando improperios. Según cuenta la leyenda, mucho tiempo después, cuando fueron a buscarle, había desaparecido. En su casa sólo encontraron cinco ovejas".

Irene, mi compañera Reincidente, les regaló el otro día un divertido vídeo invitándoles a reír. Yo les regalo este cuento -que no es de Navidad ni falta que hace- y les invito a ser buenos y valientes y a no dejar de soñar con otros mundos posibles ni con la mejor versión de sí mismos.

Y el que tenga un amor, que lo deje vivir con los ojos abiertos y dormir con ellos cerrados.

¡Feliz 2013!

 

La que me ha tocado

Rían, por favor