Un Gandhi en cada barrio

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Vamos a aprovechar que tenemos un blog coral para darle algo al debate entre nosotras… Irene decía en su último post que buscaba un nuevo Gandhi, y desde luego no es tarea fácil. Ya hemos comentado alguna vez este tema entre nosotras, y un amigo nos dijo que lo que hacía falta eran “líderes de proximidad”, personas que en su entorno más cercano impulsen e ilustren el cambio. Yo creo que incluso en este contexto asusta hablar de liderazgo (hay que quererse mucho para considerarse a uno mismo líder, no?) y pocos están dispuestos a asumir la carga de responsabilidad que conlleva. Pero… ¿y si hablamos de hacer todo lo que esté a nuestro alcance, cada uno desde nuestro entorno y capacidades, para hacer que las cosas cambien? En mi experiencia esto es, al final, lo que realmente marca la diferencia. Claro que los entornos y capacidades de cada uno son diversos, y los del Presidente del Banco Central Europeo son mayores que los de un profesor de primaria, pero hay muchos más profes que presidentes de BCE (¡afortunadamente!) y su empeño cotidiano influye en la vida de muchos niños, en su educación, sus valores y su futuro. ¿Acaso eso no es importante?

Al final, los que nos dedicamos a esto del lobbying social lo vivimos en nuestras carnes todos los días. Un político que se lo cree y mueve los temas que impulsamos. Un técnico que nos abre las puertas y nos guía en medio de la maraña institucional. Una periodista comprometida que se pelea cada día por hacerle hueco a nuestras batallas. Y, por qué no, un Emilio que canta con los niños cada mañana, regalándoles el momento más divertido del día. O una Elena que lleva ya más de 100.000 firmas conseguidas por un precio justo para los libros de texto.

Es verdad que hacen falta grandes líderes para el cambio social (o lideresas, como pide Irene). Y también es verdad que las organizaciones no facilitan su tarea. Pero mientras tanto, no podemos quedarnos sentados esperando. Todos y cada uno de nosotros podemos hacer más, mucho más. Sin movernos de nuestro puesto de trabajo, de nuestro barrio. O moviéndonos, lo que nos pida el cuerpo y nos den las fuerzas. Sin duda, el día a día es complicado, las demandas son muchas y el tiempo escasea. Pero no ha habido tantos Gandhis en la historia. Y si nos sentamos a esperar a que llegue el próximo, igual será demasiado tarde.

 

PD: la foto está tomada en el colegio de mi hijo, un día en el que un profesor de música del barrio vino a contarnos su sueño de montar una orquesta infantil.

Lobby’s in the air: cariño, tenemos que hablar

Se busca Gandhi