Lo que la crisis se llevó

diente_de_leon_dandelion.jpg

Aunque lo parezca, no voy a hablar de los jóvenes españoles que emigran. Ni de puestos de trabajo desaparecidos o de becas menguantes. Voy a hablar de algo que nos puede resultar más etéreo, pero a la vez dolorosamente real. Voy a hablar de “los otros”. Los que están lejos, los que sabían qué significaban las palabras crisis y pobreza mucho antes que nosotros, y de forma mucho más directa y desgarradora. Los que, muy probablemente, lo seguirán sabiendo cuando a nosotros apenas nos quede un recuerdo lejano de estos tiempos extraños. Voy a hablar de ellos, pero no a pesar de la crisis. Sino precisamente por ella. Porque nuestro olvido, nuestro silencio, se ha convertido en un injusto efecto secundario, uno más, de este caos en el que andamos inmersos.

Seamos realistas, tampoco es que antes ocupasen el top 10 de las encuestas del CIS sobre los motivos de preocupación para los españoles, pero todos nos considerábamos razonablemente solidarios, habíamos oído hablar del Mitch y del Tsunami, incluso nos parecía en general muy bien que el gobierno destinase un pequeño porcentaje de nuestros impuestos a luchar contra la pobreza en los países más desfavorecidos del planeta.

Pero ahora, parece que simplemente no toca. “Prefiero ver que algún negrito no se desarrolle a que mi vecino del 5º pase hambre” (les juro que es un comentario real a una noticia que hablaba del tema en un medio on-line). El gobierno central ha recortado la cooperación en casi un 50% en el año 2012, lo que unido al 32,7% del año anterior (bajo distintos gobiernos, recuerdo) hace ostentar a España el dudoso honor de ser el país que más está reduciendo su Ayuda Oficial al Desarrollo con motivo de la crisis. Y, por cierto, lo ha hecho ante un silencio social clamoroso, de tal modo que cuando Ana Pastor le preguntó al respecto al Ministro Margallo le habló (tal vez incluso de modo inconsciente) del “enfado de las ONG”, lo cual me resultó muy significativo porque, en efecto, a veces parece que son sólo las ONG las que están preocupadas por esta situación.

El problema, en mi opinión, es que ahora sí toca, ¡claro que toca! Por muchos motivos, que esta infografía cuenta en 8 argumentos y yo voy a resumir aún más, en tres ideas que me parece no debemos perder de vista:

En primer lugar, y ante todo, por una cuestión ética: con crisis o sin ella, seguimos siendo la 13ª economía más rica del planeta; hemos firmado compromisos internacionales (varios de ellos en teoría vinculantes) donde asumimos nuestra responsabilidad internacional; y, lo que es aún peor, no podemos excusarnos en el desconocimiento: sabemos cómo hacerlo, lo estamos haciendo bien (en los últimos 20 años se ha reducido la mortalidad infantil en más de un 40%) y cuesta mucho menos de lo que podemos pensar.

En segundo lugar, por una cuestión táctica. Son varios los diplomáticos españoles a los que he oído hablar ya de las puertas que abre la cooperación internacional, en términos de diálogo político, construcción de imagen, incluso intereses económicos. Hace unos días, el Real Instituto Elcano presentaba su índice de presencia global, en el que se ve cómo la “presencia blanda”, donde se incluye la cooperación, puede constituir una poderosa herramienta de proyección internacional, allá donde otros aspectos como la fuerza militar o el poderío económico no sean puntos especialmente fuertes. Es un argumento en el que no nos gusta mucho incidir a los que estamos en esto por una profunda convicción personal, pero sin duda no son asuntos a despreciar, y menos en momentos como este.

Y, por último, por una cuestión estratégica, de mirada de largo alcance, esa que ahora parece imposible pero que nos recuerda que todo está interrelacionado, ya sea el clima, los procesos migratorios o la seguridad internacional. Un mundo más próspero y seguro es imprescindible para todos, no sólo para aquellos a los que ahora les ha tocado jugar con las peores cartas.

No nos engañemos. No me vale enfrentar hospitales aquí y allí. Como escuché hace poco a Gonzalo Fanjul, en realidad los que alegan preocupación por "nuestros" pobres para no ayudar a "los otros" no suelen estar preocupados por ninguno de los dos. Y al revés, los países que tradicionalmente más han invertido en gastos sociales en casa son también los mayores donantes en cooperación internacional.

Dice Sabina en una de sus canciones que, al largarse, su amante correspondiente “destrozó el cristal de sus gafas de lejos”. Me parece una metáfora estupenda que no para de venirme a la cabeza en estos tiempos. La crisis se nos está llevando muchas cosas, es verdad. Sólo espero que con ella no se vaya también nuestra capacidad de mirar lo que ocurre un poco más allá de nuestras narices.

Pero no quiero acabar en negativo, que luego me riñen… todavía estamos a tiempo de hacer algo. Si tú también eres de los que crees que la ayuda no puede parar, puedes sumarte aquí a la campaña del Comité Español de UNICEF. Para que nunca nos quiten las gafas de lejos.

Rajoy enamorado

La culpa es de mi padre