Causas y azares

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No estaba de humor para seguir la juerga. Más copas de las que debería y menos éxitos de los que había imaginado. Y encima verla tontear con otro delante de sus narices. Harto de todo, decidió volver caminando a casa. A su paso, iban cayendo uno detrás de otro todos los contenedores. Porque sí. Y decidió tocar un par de timbres, al azar. Estaba cabreado, mejor eso que liarse a tortas con alguien, ¿no? Ella se despertó sobresaltada con el timbrazo. Al principio, no sabía qué día era ni dónde estaba. Luego pensó que había pasado algo. Atontada, no cayó en la cuenta de que cualquier persona cercana hubiese llamado por teléfono antes de presentarse en el portal a las cuatro de la mañana. Contestó al telefonillo, pero no se oía nada. Se asomó al balcón, pero sólo vio la acera llena de contenedores tumbados.

No sabe si fue el timbre, o el jaleo de la puerta a la ventana, el caso es que justo cuando volvía a meterse en la cama se despertó el bebé. Intentando calmarle (biberón incluido) se le fue otro rato, y con él las pocas ganas de dormir que le quedaban. Estuvo leyendo hasta que, poco a poco, volvió el sueño. Pero ya era demasiado tarde. Sin darle tiempo a recuperar fuerzas, sonaba el despertador. No podía hacerse la remolona porque había prometido a sus padres que llegarían a la hora de la comida. Hacía varias semanas que no veían a los niños y la cosa empezaba a convertirse en un asunto de estado.

No sabría decir en qué momento cerró los ojos. Sí recuerda que iba tensa al volante, luchando contra el cansancio. Pero no era ni mucho menos la primera vez. Ya tenía algunos trucos (el refresco, las pipas, las canciones), porque siempre acababa la semana destrozada y a menudo el sueño le asaltaba entre peaje y peaje. Tal vez se confió, tal vez simplemente intentó descansar los párpados un instante que se prolongó sin darse cuenta. Tal vez debería haber leído el prospecto de aquel jarabe para la tos...

Él había dormido un rato, pero el dolor de cabeza y el sol que se filtraba por los agujeros de la persiana le impidieron aguantar más en la cama. Mientras tomaba una cerveza, con la esperanza de que le ayudase a luchar contra la resaca y la frustración, empezó a tontear con el mando a distancia. En las noticias hablaban de un accidente de tráfico, uno más. Aparentemente, una madre se había quedado dormida al volante con sus dos hijos a bordo. "Desde luego, cómo es la gente -pensó distraído-, ni siquiera viajando con niños detrás ponen un poco de cuidado". Y, sin darle más vueltas, cambió de canal.

 

Sí, quiero

Maniqueos sin fronteras