Bendita rutina

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  Definitivamente, la rutina está infravalorada. Acaba con las parejas, equivale al aburrimiento y no se puede compartir en las redes sociales. Lo peor. Y sin embargo… ¡cómo se extraña cuando se pierde!

Por motivos familiares, he pasado una racha intensa de viajes y acontecimientos de todo tipo. Días fuera de casa, idas, venidas, altibajos… Casi un mes sin parar dos días seguidos y tranquilos en casa. Para no hacer nada en particular. Una cerveza con los amigos, un parque con los niños, una mañana ociosa en casa y hasta una cesta de planchar llena de ropa.

Empezaba a disfrutarlo (bueno, la plancha no tanto, lo confieso), sin más reflexiones, cuando encontré este post de mi compañera Najwa Mekki, del que me permito copiar un fragmento: Los sirios que hoy en día están en campos de refugiados no tenían una vida muy distinta a la que tenemos muchos de nosotros: llevaban por la mañana a sus hijos al colegio en coche, tenían sus trabajos, sus aficiones, los niños tenían sus mascotas. Hoy no tienen nada. La guerra ha arrasado su vida.

Y entonces vi la foto. Allí estaba, esperando a la hora del desayuno. No logro encontrarla por internet, así que no puedo poner ese link en concreto, pero podéis ver decenas de ellos tecleando en cualquier buscador la palabra “Homs”. Sólo se veían los escombros de una ciudad fantasma. Me recordó a esa escena de El Pianista en la que Adrien Brody deambula por las ruinas de Varsovia.

Y de golpe mi rutina se convirtió en un auténtico lujo. No estoy segura de haber hecho nada para merecerlo, pero me gustaría por lo menos aprovecharlo, por todos los que no pueden.

Por eso esta noche, en vez de seguir con la plancha, he escrito un post.

Vacaciones para todos. O no.

Ucrania: un futuro sin olvido