Amar lo que se hace

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Aunque una huya de los tópicos (con bastante poco éxito, lo confieso), me encuentro una y otra vez acordándome en estos días de cambio de año de las personas que nos han dejado en este 2012 que acabamos de despedir. Especialmente de ellos tres. Alfonso y Mito eran dos de mis tíos. Se conocían, aunque no se veían a menudo. Muy diferentes el uno del otro. Alfonso tuvo varias vidas. Fue misionero, estuvo preso en Mozambique y acabó dejando el sacerdocio para formar una familia. Pero nunca perdió un ápice de su fe, que vivía de la manera más intensa que yo jamás he conocido a través del servicio a los demás. En su vida profesional mediante la enseñanza y, una vez jubilado, como voluntario incansable de toda causa perdida que se le pasaba por delante.

Mito tuvo una vida más tranquila. Ebanista desde muy joven, amaba la madera casi tanto como a su familia. Cuando se jubiló, simplemente trasladó el taller de la fábrica a la trasera de su casa. Y allí seguía restaurando muebles y santos, mimando cada pieza, enseñándonos con orgullo a todos cada nuevo proyecto. Sólo dejaba las virutas por dos motivos: la música y los suyos. Y en eso estuvo hasta el último momento. Hace un mes, llegó casi a media noche con su nieto de ensayar en la banda municipal de música en la que tocaban juntos, hicieron la visita “de inspección” al taller  y se despidieron con una sonrisa. Todavía le andamos buscando por los rincones.

Al contrario que a los anteriores, a Nacho apenas le vi un par de veces. Y sin embargo, fue suficiente para sentirme profundamente impresionada. Tal vez leísteis la entrevista que hace poco le hicieron a su mujer. Comprometido hasta la médula con los niños inmigrantes, personal y profesionalmente. No dejo de pensar que, desde  el día en que murió, los mal llamados “menores extranjeros no acompañados” están un poquito más solos.

Los tres tuvieron vidas muy distintas, pero con un gran factor común: una enorme pasión por lo que hacían. Ahora que tanto pienso en ellos, creo que eso es lo que le pido al 2013: no dejar que la apatía me venza. Ni siquiera el conformismo. No basta con eso. Hay que amar lo que se hace y hacer lo que se ama. Siempre.

Feliz 2013.

 

* Foto: mi tío Mito disfrutando en su taller

En defensa de Bob (Esponja) y Max (Estrella)

2013: Sí podemos