Rajoy ¿dónde estás corazón?

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Lo he hecho. Aunque pueda parecer una friki, lo he hecho. Después de una intensa semana de trabajo, en cuanto he podido me he leído de cabo a rabo el discurso de Rajoy en el Debate del Estado de la Nación. Sin entrar en las réplicas y contra réplicas, me interesaba conocer de primera mano qué inspira, qué guía, cuáles son las prioridades y la visión del futuro de la sociedad que tiene el presidente. Se habían hecho ya miles de valoraciones al discurso. Ya sabía que no encontraría ni grandes medidas ni propuestas sobre temas que encuentro prioritarios, pero yo quería buscar algo más

Mi objetivo era intentar navegar por el buscando con ahínco, de veras el cuerpo me lo pedía, buscando símbolos. Buscaba empatía, buscaba reconocimiento del dolor, del sufrimiento. Buscaba sentir que mi presidente siente. Eso es, no buscaba medidas, sólo buscaba SENTIMIENTOS.

Buscaba un minuto de silencio por el matrimonio de jubilados de Calvià que se suicidaron unos días antes del debate después de recibir el aviso de que iban a ser desahuciados del domicilio por impago. Así lo dejaron escrito en una carta. ¿Puede una sociedad soportar convivir con realidades así?

Buscaba un recuerdo a Vanesa, Margalida, Pilar… aunque parezca increíble en un año que acaba de empezar ya forman parte de una lista de mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas… tampoco tuvieron ni ellas ni la violencia contra las mujeres su espacio en el discurso. ¿Ha dejado de ser un atentado en este país la violencia de género?

Buscaba unas palabras hacia las víctimas más injustas de los recortes. Los inmigrantes que ya no tienen acceso a esa sanidad universal en la que creo o los miles de personas que están en países tan lejanos que parecería que no sufren de lleno los recortes en cooperación.

Sin embargo señor Presidente su discurso me ha dejado fría como un témpano. No ha conseguido tocarme la fibra sensible en ningún momento.

Toda decisión en política, tanto las acciones como las omisiones, tienen impacto en la vida de miles de personas. Considero que es imprescindible poner a las personas primero, a las personas en el centro de las decisiones. Y cuando esto no se hace existe el riesgo no solo de perder el contacto con la sociedad sino incluso de “deshumanizarse” a la hora de tomar decisiones. Y eso ya son palabras mayores.

No se puede hacer política sólo desde la ideología y los despachos. La política debe ejercerse desde la vivencia, el contacto y la comunicación con la calle, especialmente con los excluidos, con los más débiles.

Sr. Presidente: ¿Realmente no siente nada o es que está disimulando? ¿Con quién habla cuando se sube a esa tribuna? Por favor, levante la vista del papel, salte por encima de la burbuja del hemiciclo, búsquenos con la mirada, estamos aquí, no nos hemos ido.

 

 

Foto: © Pool Moncloa

La circunstancia

Tu al congreso y yo a la calle