Luz...

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Hay personas que no conciben la vida sin trabajar por cambiar las cosas, por mejorarlas, por avanzar. Personas que se entregan en cuerpo y alma. Personas para las que no hay ni horario ni límite en la lucha por la justicia. He tenido la suerte de compartir despacho casi doce años de mi vida con una de esas personas. Diría que con la Defensora de Derechos Humanos con mayúsculas.

Una peruana a la que por un lado el ex presidente Fujimori odiaba. Y a la que por otro, y en claro reflejo de su integridad, Sendero Luminoso le dio un tiro en la pierna. Debido a las amenazas y riesgos que corría, tuvo que dejar su país y venirse a España. A partir de ese momento se convirtió en un regalo para mí.

En estos años hemos compartido desde los juicios de Chile y Argentina en la Audiencia Nacional hasta la paradoja del juicio a Garzón. El amor a Colombia, el rechazo a la violencia contra las mujeres, las intensas discusiones sobre la política española… pero también las jornadas gastronómicas, las risas y el gusto por el buen vino.

Giulia es genio y figura. Apasionada, obsesiva, intensa. Anécdotas infinitas, propias de alguien que vive muchas vidas. Una cabeza privilegiada, un espíritu libre e inquieto al que nada ni nadie puede poner límites. Estira el derecho internacional tanto o más como las políticas internas de amnistía. Pelea contra el cáncer con apetito voraz por la vida. Pero sobre todo y ante todo me quedo con la persona, la amiga.

De ella he aprendido lo que es la generosidad, la humildad y la integridad. Ella ha sido y es mi inspiración. Irradia luz y contagia pasión por el trabajo por los derechos humanos.

Marta muy acertadamente nos decía en su post que hay que amar lo que se hace y hacer lo que se ama. Yo tengo la suerte no solo de hacerlo, sino que encima durante doce años lo he hecho con la mejor de las compañeras.

No sé cuantas “giulias” se habrán cruzado en sus vidas, pero deberían buscarse en todos los procesos de selección. La gente que cree en lo que hace, con su sola presencia contagia y se convierten en piezas fundamentales en los equipos.

A partir del martes nuevos retos la esperan a muchos kilómetros de aquí.  Una vez más construir, compartir y siempre implicarse hasta el final. Nos deja con algo menos de luz en la oficina pero con muchos recuerdos.

Querida... ya se te echa de menos. Gracias por todo y ¡suerte compañera!

 

 

Debate sí, pero de verdad

Ay pena, penita, pena