Las No-muertes

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Ver y sentir las ausencias, es el efecto que te provocan las maravillosas fotos de José Manuel Ballester. Consigue que vibres con la falta, que eches de menos. Consigue lo imposible, consigue fotografiar el vacío. Paseo por la exposición y, con esa deformación que te genera el interés por los derechos humanos, me acordé de Ana. Me imaginé que ella habría sentido algo similar en septiembre 2009 cuando su marido, Juan, desapareció. Eso sí, ella sin ningún disfrute estético.

De un plumazo de las fotos del salón, en el álbum familiar, un ser querido había sido borrado. Porque de Juan no se sabe nada. No se sabe dónde está, no se sabe qué le pasó. Sencillamente “le borraron”

Conforme van pasando las semanas, los meses, los años… a la esperanza de la re-aparición, la crudeza de la pérdida le ha ido ganando espacio.

La desaparición forzada nunca acaba, es un delito que no prescribe. El por qué es obvio y es plural. Los efectos perduran hasta que no se resuelve y se prolongan en todos esos familiares que siguen mirando esas fotos y siguen sufriendo con las ausencias, con las dudas, con las incertidumbres. Mientras ellos sufren, el delito permanece. Se considera una tortura.

Ana pelea. Ella ahora tiene que hacer de Ana y también de Juan, ahora también es la voz de Juan. Él, activista de los derechos humanos en la República Dominicana, ya no puede ni exigir sus propios derechos. Pero Ana no va a dejar de hacerlo.

Conozco a muchas “Anas”, activistas a su pesar. Las encuentras en Chile, Argentina, España, Guatemala, y un largo etcétera. Personas peleonas que buscan verdad, justicia y reparación para sus seres queridos. Quieren investigaciones que les permitan conocer el destino de sus familiares, y que en caso que estos hubiesen sido asesinados o víctimas de otros crímenes, que los responsables rindan cuentas ante la justicia.

Entre ellas hay un sentimiento compartido y es que “una persona desaparecida dolerá hasta el último día de la última persona que alguna vez le amó” Mientras Juan duele, Ana le sigue queriendo.

 

 

PD: Gracias a Ballester por cederme su versión de La última cena para este post y a Ana por el espacio compartido

Breve apología de la amistad

Un edificio en Bangladesh