Duelo, vuelo, luz

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  Con la misma libertad que viviste, hace un mes te fuiste. La valentía una vez más fue tu compañera.

Vivimos al margen de la muerte. Nunca se la espera. Y menos la de alguien con 55 años, vital, cargada de proyectos y con una gran capacidad, ya demostrada, de tener impacto en la vida de muchas personas. Las mujeres indígenas a las que estaban esterilizando en Perú, las colombianas cuyo cuerpo es campo de batalla, ellas y muchas otras te recuerdan, te recordamos.

Un cerebro privilegiado puesto al servicio de los derechos humanos y de la justicia. Un corazón abierto y generoso. Una alegría contagiosa y una sonrisa iluminadora.

Tú muerte lo paró todo, nos descolocó, nos dejó algo más huérfanos.  El duelo, duele, y mucho.

Y de repente desde el dolor empiezas un viaje y echas a volar. A volar por los recuerdos, las anécdotas, las discusiones jurídicas y políticas, las comidas compartidas, las risas.

Personas que te queremos, que te admiramos, estamos compartiendo muchos espacios estas semanas. Pensarte, llorarte, reírte, leerte, escucharte… y continuar, como siempre, aprendiéndote es una actividad muy necesaria, es sanadora. Poco a poco la ausencia se va llenando de tu presencia.

El duelo compartido se convierte en un constante homenaje, en el que estás presente, en el que vuelas con nosotros.

A los que hemos tenido la suerte de vivirte, de acompañarte, de quererte, nos dejas un legado que nada ni nadie nunca nos podrá quitar.

Eres Luz. La luz nos rodea, la luz nos abraza. La luz nunca se apaga. Gracias Giulia.

 

 

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