Actualidad líquida, compromiso sólido

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¿Qué tienen en común Juan Almonte Herrera, defensor de derechos humanos desaparecido en la República Dominicana y Hakamada Iwao, condenado a muerte en Japón? Aunque no lo parezca y a pesar de las distancias, comparten muchas cosas. Empezando por lo más obvio, ambos son víctimas de violaciones de sus derechos humanos. Son personas desconocidas que nunca serán ni trending topic ni portada de periódico. De hecho ni siquiera sus países aparecen a menudo en los medios de comunicación. Ni ellos ni sus realidades forman parte de la actualidad. Y además, los dos son casos que podríamos llamar “difíciles”

Juan y Hakamada también tienen otra cosa en común. Han sido adoptados por dos grupos de activistas que se han empeñado, llegando en ocasiones hasta la cabezonería, en hacer todo lo que esté en sus manos para conseguir avances en sus derechos.

En Lugo combinan el trabajo sobre la realidad urgente de Siria y los desalojos con un compromiso sostenido e inquebrantable por personas concretas. Ya lo hicieron durante más de diez años hasta que un preso de conciencia por el que trabajaban fue liberado. Ahora llevan trabajando para esclarecer el caso de Juan más de dos años. De momento ya han conseguido que en el Parlamento dominicano se haya abierto una investigación que, según la prensa, partió de las peticiones que enviaron desde Galicia.

En Donosti se han propuesto que Hakamada, a punto de cumplir los 77 años, no sea ejecutado. Desde hace cinco años, todos los meses un grupo de activistas moviliza a 400 personas que escriben a autoridades, medios e incluso obispados de Japón. De momento ya han conseguido que el Defensor del Pueblo japonés se comunique con el Ararteko (Defensor del Pueblo vasco).

Todo esto sucede en un momento en el que nuestra realidad más próxima es tan dura que amenaza con anular las realidades internacionales habitualmente olvidadas. Cada día todo es más efímero, urgente, lo que hoy es noticia mañana no lo será, como líquido que se nos escapa entre los dedos… por todo ello me emociona este compromiso sólido, cabezón y sostenido en el tiempo.

Son ejemplos de activismo constante, creativo e indefinido. En ocasiones obviamente lleva a la desesperanza y a la frustración, pero en otras consigue resolver los casos y siempre contribuye a re-dignificar a las personas, a ponerlas en las agendas y a acompañar a sus familias y organizaciones.

Cuando hace casi una veintena de años empecé con mi activismo en derechos humanos, creo que este tipo de acciones fueron las que me enamoraron de Amnistía Internacional.

En el Día Internacional de los Derechos Humanos, en vez de describir alguna de las terribles violaciones que nos rodean he preferido poner el acento en todos estos activistas con compromisos sólidos que se esfuerzan por cambiar la realidad.

 

 

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Podemos cambiar lo imposible

Ningún lugar al que volver