Tu al congreso y yo a la calle

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No recuerdo bien cuando vi mi primer debate sobre el estado de la Nación en la tele. Creo que gobernaba González. Sí recuerdo lo importante que me pareció eso de que al presidente le hicieran preguntas y tuviera que responder así en vivo y en directo. No recuerdo cuando vi mi último debate sobre el estado de la Nación. Hace años. Por no ver, no he visto ni la última comparecencia de Rajoy en aquella rueda de prensa sin preguntas que estimó oportuno dar para aclarar el tema de los papeles de Bárcenas. No soporto la propaganda, y menos en ese formato tan poco creativo.

Me miro y me da pena en lo que me he convertido, o me han convertido. Yo creía en la política. Hoy en día creo que no me representan. Desde que empezara esta legislatura no he percibido ni un atisbo de cambio, ni un mínimo esfuerzo de diálogo, de transparencia, de reflexión, de debate. Un gobierno con una mayoría absoluta que no discute, que menosprecia los movimientos ciudadanos que claman en las calles por derechos tan básicos, que miente sin pudor, que barre para su casa…

La brecha entre sociedad y clase política cada vez es más grande. Está haciéndose tan grande que a veces temo que se convierta en algo insalvable. Y lo temo porque la alternativa a lo que tenemos ahora, si eliminamos a la clase política, conllevaría una ruptura tremenda que podría ser incluso violenta y muy dolorosa.

En este debate el gobierno y la oposición tendrían la oportunidad de hacer algo por frenar la decadencia política en la que estamos sumidos y reducir los espacios entre ellos y el resto. Pero esto sería un ejercicio de responsabilidad que no han hecho ninguno desde hace años, así que suponer que lo van a hacer ahora es bastante idealista.

En mi ideal imagino un presidente transparente y claro, que explica y justifica de un modo sencillo todas las medidas que se han tomado hasta el momento, que escucha las propuestas de la oposición y responde directa y claramente a las preguntas de la misma. Pero seguramente nos espera un presidente preparado para no decir lo que no debe, que suelta un galimatías soporífero e ininteligible al que una oposición vacua azuza dulcemente usando el mismo estilo.

Así que no veré el debate este año tampoco. Me leeré los resúmenes de mis líderes de opinión, mientras dedico ese tiempo a hacer lo que los que están en el Congreso por desgracia ya no hacen, buscar los caminos de mundo más justo.

Rajoy ¿dónde estás corazón?

Váyanse a paseo