La dictadura de la mayoría absoluta

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Leo las noticias sobre el desalojo del centro Margerit y me indigno. La descripción de una vecina  de la entrada de la policía pone los pelos de punta. El rebautizado centro Magerit era un centro de atención a discapacitados, pero ocupado...

Hace un par de meses tuve la suerte de coincidir con Laia Ortiz, una diputada muy joven catalana, que se estrenaba en esta legislatura. Laia me contaba como al principio, cuando se incorporó a su escaño, tenía la amarga sensación de que durante esta legislatura su trabajo no podría ser muy productivo... con la mayoría absoluta del PP. 

Porque si algo es cierto es que el PP tiene mayoría absoluta, 186 escaños de 350. Esta mayoría absoluta le permite legislar lo que quiera sin tener necesidad alguna de negociar. Y esto, dentro de la enorme legitimidad que les concede el haber obtenido dicha mayoría ¡democráticamente!

47 millones de habitantes, 10.830.693 votos es el 23%. Es decir, que la mayoría absoluta que ejerce su poder con una contundencia sin par ha sido elegida por menos de una cuarta parte de los habitantes de este País.  Y desde ese pedestal de representación popular esta mayoría absoluta se permite ignorar e incluso pretende callar de mala manera ciertas voces descontentas que se alzan como pueden.

Me dirán que no sabemos cuantas son estas voces, y si son representativas. Me pueden decir que por qué unos pocos tienen que paralizar o poner en cuestión un ejercicio legitimo del poder.

Yo respondo que si la mayoría absoluta da poder legítimo para gobernar sin escuchar, pues acabemos con la farsa, disolvamos el Congreso, ahorrémonos varios cientos de millones de euros en 4 años (que pueden servir para Sanidad o Educación) y asumamos las cosas como son.

Ahora, cabe la posibilidad de que nuestro sistema no esté bien diseñado, de que se trate de un sistema ingenuo creado para otro tipo de sociedad y de políticos. Si este fuera el caso, podríamos cambiar el sistema,¿saben? Porque toda esta historia nos pertenece a los ciudadanos... somos nosotros los que legitimamos a los gobernantes, aunque se nos olvide (y a ellos también).

Hace unos días pude comer con Jose Esquinas, una persona maravillosa y el ideólogo de lo que él denomina la Gobernanza mundial, un sistema que permitiría un gobierno mundial que dirigiera a la humanidad a través de la macrodimensión de la globalización. Y en ese contexto Pepe me comentó: "La democracia del siglo XXI se mide por su respeto a las minorías".

Pues eso creo yo. Creo que la mayoría absoluta de nuestro gobierno no le legitima para gobernar solo. Y creo que es de necios ignorar a esa masa ruidosa, que se encuentra no solo en las calles de Madrid, pero como decía Marta Arias en su post del otro día, en miles de entornos nuevos, en canales diferentes. Y todavía más de necios pensar que se pueden controlar los flujos informativos como se hacía antaño.

Si se quiere gobernar en democracia lo primero es saber escuchar. Todos tenemos que ser capaces de escuchar, pero escuchar de verdad buscando el consenso más allá de lo que nosotros pensemos que es lo más adecuado. Eso es lo que nos distinguirá de un dictador, que impone de forma arbitraria lo que él piensa que es mejor.

Ilustrativo: datos de votos obtenidos por el PP en los últimos años: 10.278.010 - 2008 / 9.763.144 - 2004/ 10.321.178 - 2000/ 9.716.006 - 1996/8.201.463-1993/

De cara a la pared

¿Feliz? Día de la Niña