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Desde hace dos meses vivo inmersa en un mundo de contenidos poderosos y desgarradores. Estoy en contacto con historias tan potentes que solo puedo pensar en contarlas. Cada noche me acuesto pensando cómo conseguiré visibilizar la tragedia de los desplazados de Guatemala, de las madres luchadoras de Coacha, de los campos de refugiados del Cuerno de Africa y Sahel, o de cualquier nueva actualidad que mi trabajo me ponga en la mesa. Como suele pasar en la vida, energía genera energía, y parece ser que contenido genera contenido. Con todos estos contenidos bajo el brazo me encuentro con gente maravillosa que también tiene muchas cosas que contar. Otra gente que trabaja ayudando a los demás y que tienen historias de niños que ya no se mueren, de derechos humanos que se vapulean, de armas que se venden con la connivencia de todos, de excluidos que cada vez son más, de mujeres invisibles, por poner algunos ejemplos. A veces es difícil ver entre tantos contenidos y las historias se diluyen convirtiéndose en ruido.

Y milagrosamente entre ruido, surge el director de orquesta y hace música celestial. Así son los nuevos medios digitales latino americanos, el Faro, la Silla Vacía, Plaza Pública, por poner solo tres ejemplos. Escuchas hablar a la gente que trabaja en ellos y se encoge el alma. Todos son contenidos, el relato cobra una importancia que sublima al medio. Solo tienen que visitar el proyecto Rosa que lidera la sublime Olga Lucia Lozano, contenido, contenido y contenido… yo lo quiero para mí. Y luego el periodismo de datos. Investigaciones periodísticas como las de Giannina Segnini que derrocan gobiernos, ya las quisiéramos en España… que digo, ¡en Europa!

Y con mis contenidos me estrello con los medios españoles en su generalidad. El muro de pago, el futuro de la financiación, la crisis fagocitan mis contenidos y me quedo sin ellos. Lo veo todo de color amarillo como la crónica de la muerte política de este país, imagen de una sociedad adormilada que no se indigna por miedo a que las cosas cambien a peor.

Pues entérense todos, las cosas no pueden ir peor. La aceptación de la mediocridad es lo peor que hay, lo mas limitante que existe. El “Madrecita que me quede como estoy”, es lo que la mujer maltratada se dice para seguir aguantando los golpes.

Miro mis contenidos y pienso que los valientes surgen cuando de lo que hablamos es de vida o muerte. El periodista que se juega la vida publicando historias venera el contenido que es el que justifica su existencia. La sociedad amenazada de muerte si reclama sus derechos, venera esos derechos. Nosotros que prácticamente solo nos jugamos las vida en la carretera depreciamos las historias que no son nuestras y los derechos que ya tenemos.

Les presto mis contenidos. Creo que como yo todos los necesitan para recordar lo que ya tienen y no deben perder.

 

A los que les interese el nuevo periodismo les recomiendo que no se pierdan la charla de estos Nuevos Medios Latinoamericanos, son 50 minutos gloriosos.

httpv://www.youtube.com/watch?v=DjRCqxOC64Q

Incidir, reincidir y reincidir... hasta CONSEGUIR

La fuerza telúrica de las mujeres