Las mentiras de Frankenstein

Las mentiras de Frankenstein

“Esto ya se lo dije al de seguridad, que esto era peligroso. Que un día nos íbamos a despistar y nos lo íbamos a tragar.”  Nada más empezar, fundido a negro con la conversación telefónica del maquinista segundos después del accidente. No fue el único. Durante los meses previos al accidente, fueron varios los maquinistas que alertaron sobre la falta de seguridad de ese tramo.

El 24 de julio de 2013, el tren Alvia que hacía la ruta Madrid-Ferrol descarriló muy cerca de Santiago de Compostela. Murieron 81 personas y sufrieron heridas más de 140. Frankenstein 04155 es el documental que relata el antes, durante y después de este accidente.

Lo de Frankenstein viene del nombre que los profesionales del sector daban al modelo de tren que descarriló, el tren Alvia S730. Un engendro construido a base de transformar un modelo anterior con el objetivo de llevar una supuesta alta velocidad hasta Galicia. Esas modificaciones no causaron el accidente, pero hicieron que fuese mucho más grave.

Lo que muestra el documental me da hasta vergüenza contarlo. Las prisas de José Blanco por inaugurar la línea de Alta Velocidad en su tierra días antes de dejar de ser ministro; los técnicos que aprueban a todo correr los papeles necesarios; un engendro de tren que no estaba nisiquiera homologado; unos mandamases de Renfe que deciden desactivar el sistema de seguridad de los trenes porque provocaba retrasos. Mostrando los papeles y con la participación de expertos y exdirectivos de Renfe.

Pero lo que vino tras el accidente fue casi peor. El abandono y el silencio del sindicato de ferroviarios, que había denunciado en varias ocasiones los problemas con la seguridad de ese tramo de línea. Las llamadas de las autoridades a las víctimas y sus familias para que dejasen de buscar responsabilidades más allá del maquinista. El valor de decir que “el accidente no es un accidente de Alta Velocidad”. El desprecio más absoluto, no dejándoles entrar ni hablar en el acto de entrega de las medallas de Galicia, que decidieron rechazar, el día del primer aniversario del accidente. Y una imagen que no olvidaré nunca, y que me hizo llorar de rabia. Jesús Domínguez, presidente de la asociación de víctimas del Alvia, intentando entregar en el Congreso de los Diputados las más de 115.000 firmas que recogieron a través de una petición en Change.org para pedir una comisión de investigación. Escoltados por la policía antidisturbios, no les dejaban ni desplegar una pancarta. Y ante eso, Jesús se planta: Sacad la pancarta. ¡Ya está bien! ¡Somos víctimas, no terroristas!

Jesús iba en el tren con su mujer y sus dos sobrinas. Se salvaron - de morir, no de sufrir. A él se le cayó un vagón encima. Y nuestras instituciones le tratan como un peligro público. Pilar Vera, presidenta de la asociación de víctimas del vuelo de Spanair, lo explica muy bien en el documental. “En todas estas tragedias es igual: primero echan la culpa al muerto; después matan al mensajero”.

Sentí vergüenza, mucha vergüenza. Y me vinieron a la cabeza todas esas increíbles personas que he tenido la suerte de conocer y que son la única luz en tragedias como ésta. Curra Ripollés, que perdió a su hermano en el Yak 42 y lleva años luchando para pedir responsabilidades; Rafa Vidal, uno de los pocos supervivientes del accidente aéreo de Spanair, que lucha por conseguir una indemnización justa para las víctimas; Beatriz Garrote, una increíble mujer que perdió a su hermana en el metro de Valencia y ha estado años liderando la asociación de víctimas para reclamar una comisión decente de investigación en el parlamento valenciano. Oscar Nicolás Alonso, que perdió a su hermana y a su cuñado en el Alvia, y que me invitó a ver el documental. Gente buena a la que todavía nadie ha pedido perdón. Gente decente que lucha sin descanso porque se sepa la verdad y se cuide a las familias de las víctimas. Gente a la que yo he podido conocer precisamente porque la administración no les hizo ni caso, los ninguneó, los abandonó, los insultó, simplemente por decir lo obvio: que en este tipo de tragedias además de culpables, hay responsables.

Nuestra memoria es corta, pero el documental me ayudó a recordar que Rafael Catalá era el Secretario de Estado de Planificación e Infraestructuras cuando sucedió la tragedia. Ahora es Ministro de Justicia. Ana Pastor, máxima responsable del Ministerio que desoyó los avisos de los problemas de seguridad de la línea, sigue en su puesto. José Blanco, el Ministro que inauguró la línea a pesar de todo, ahora es Eurodiputado. Y así todo. Y mientras, las víctimas intentan recordar y se dejan la piel porque nada así le vuelva a pasar a nadie.

Esta es la página web del documental, que se está proyectando en varios cines de España y online en Filmin. Hay que verlo. Aquí el aperitivo.

Quererse absurdamente

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Saudade eterna

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